30 de Marzo, 2026 - Nunca vuelve vacía

Isaías 55:11 “Así será mi palabra que sale de mi boca: no volverá a mí vacía, sino que hará lo que yo quiero y prosperará en aquello para lo que la envié”.

La Palabra escrita de Dios que tenemos es el logos. La Biblia, la Palabra de Dios, vino de Dios; salió directamente de Su boca. Él se movió sobre los hombres santos de antaño. El Espíritu del Dios viviente inspiró a estos hombres a escribir el logos, que se convirtió en la Palabra escrita de Dios.

Para que la Palabra de Dios sea eficaz en tu vida, tienes que saber de quién proviene. No vino de un hombre; vino de la propia boca de Dios. Puedes rastrear cada pasaje de las Escrituras hasta Dios mismo. En 1 Tesalonicenses 2:13 dice: «Por esta causa también damos gracias a Dios sin cesar, porque, cuando recibisteis la Palabra de Dios que oísteis de nosotros, la recibisteis no como palabra de hombres, sino como lo que en verdad es, la Palabra de Dios, la cual también actúa en vosotros los creyentes». Para que las personas reciban verdaderamente la Palabra de Dios, deben darse cuenta de que es Dios quien les habla. Cuando puedas remontar cada palabra hasta Él, eso te dará fe para recibirla.

Cuando recibes la semilla de la Palabra de Dios, puedes estar seguro de esto: esta Palabra que salió de la boca de Dios nunca carecerá de poder. Cuando se cree en ella, esta Palabra de Dios cumplirá lo que dice. Me gusta expresarlo así: el ADN que hay en la Palabra, el logos, producirá lo que dice, igual que una semilla de tomate produce tomates, igual que una semilla de naranja produce naranjas. Sea lo que sea lo que diga la Palabra, hay poder dentro de esa semilla para hacerlo realidad. Cuando tú y yo recibimos esta Palabra viva que ha salido de la boca de Dios, y cuando la ponemos en nuestro corazón y en nuestra boca, produce cosas grandes y maravillosas.

Nunca hay un problema con la Palabra. Si no estamos viendo lo que dice la Palabra de Dios, tenemos que buscar el problema en otra parte, recordando esto: la Palabra escrita de Dios es la voluntad de Dios. La experiencia no determina la voluntad de Dios; la Palabra escrita determina la voluntad de Dios. Cuando manejamos, honramos, respetamos y plantamos adecuadamente esta semilla, la Palabra, siempre produce, y siempre prosperará en aquello para lo que fue enviada.

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