Colosenses 1:9-10 (NASB 1995) “Por esta razón también, desde el día en que lo supimos, no hemos cesado de orar por ustedes y de pedir que sean llenos del conocimiento de Su voluntad en toda sabiduría e inteligencia espiritual, para que anden como es digno del Señor, a fin de agradarle en todo, dando fruto en toda buena obra y creciendo en el conocimiento de Dios”.
El Espíritu Santo nos dio esta oración por medio del apóstol Pablo. La voluntad de Dios es muy importante para nuestras vidas, y el Espíritu Santo quiere que estemos llenos del conocimiento de Su voluntad. Necesitamos entender ciertas cosas y tener sabiduría acerca de cómo llevar a cabo el plan y la voluntad de Dios para que se cumplan en nuestras vidas. Podemos y debemos hacer esta oración por nosotros mismos, y también podemos hacer esta oración por otras personas.
¿A qué estamos tratando de llegar? ¿Cuál es el resultado de hacer esta oración? Que caminemos de una manera digna, que nuestra conducta agrade al Señor y que le agrademos a Él. Aunque Él nos ama incondicionalmente, puede complacerse más o menos de nosotros en ciertos asuntos. Que podamos aumentar nuestro conocimiento. Necesitamos estar creciendo continuamente en la Palabra de Dios y en nuestro conocimiento de Él.
En lo que nos estamos enfocando es en que seamos fructíferos en toda buena obra. El fruto al que se refiere esta Palabra tiene que ver con lo que hacemos para el Señor, con lo que hacemos para servir primero al Cuerpo de Cristo y luego ministrar a los demás. Y sabemos esto: Él es la vid, nosotros somos los pámpanos, y si vamos a producir fruto que permanezca, tendremos que hacerlo por medio de la gracia para servir que Él nos da.
Cuando hacemos cosas para el Señor, estamos produciendo fruto. Eso es muy importante para el Señor, y Él lo considera al mismo nivel que caminar de una manera digna, agradarle y crecer en conocimiento. Creo que muchas personas, especialmente en nuestra cultura actual, creen que servir a Dios es una opción, una petición del Señor que podemos atender si logramos hacerlo o si tenemos tiempo. Sin embargo, la verdad es muy diferente.
Se nos ha dado una función en el Cuerpo de Cristo, y Él necesita que todos ocupen su lugar para que podamos llegar a la plenitud. Producir fruto realmente no es una opción. Producir fruto no es algo que hacemos si resulta conveniente, sino algo que deberíamos estar haciendo continuamente. ¿Recuerdas la higuera y cómo el Maestro quería encontrar fruto en Sus árboles? Tú eres el árbol, así que produzcamos buen fruto para Aquel que nos lo ha dado todo.