Efesios 4:17-18 “Esto, pues, digo y requiero en el Señor: que ya no andéis como los otros gentiles, que andan en la vanidad de su mente, teniendo el entendimiento entenebrecido, ajenos de la vida de Dios por la ignorancia que hay en ellos, por la dureza de su corazón”.
La mayoría de las traducciones dicen: “la dureza de su corazón”. La dureza del corazón de una persona provoca ceguera y la incapacidad de participar de la vida que Dios ha destinado para ella y, por lo tanto, de recibir las promesas de Dios. En Hebreos 4 vemos que los hijos de Israel no pudieron entrar en la tierra prometida debido a la dureza de sus corazones. Hebreos 3:15 dice: “...Si oyereis hoy su voz, no endurezcáis vuestros corazones, como en la provocación”.
Es nuestra elección tener un corazón duro o un corazón abierto. Dios no controla la condición de tu corazón; solo tú y yo podemos controlar eso. Estas personas, aun después de haber visto los milagros que Dios hizo para sacarlos de la esclavitud, decidieron no creerle a Dios cuando Él les dijo que les había dado la tierra. Negarse a creerle a Dios, o no tomarlo en Su Palabra, es dureza de corazón. Esto causa ceguera espiritual y, por lo tanto, nos aleja de la misma vida de Dios, que es el poder de Dios.
Recibir la Palabra de Dios como verdad transforma nuestra ignorancia en vida y hace que recibamos todo lo que Dios tiene para nosotros. Parece que es nuestra elección: ¿Caminaremos en oscuridad o en luz? ¿Caminaremos en muerte o en vida? Dios dijo que puso delante de nosotros la vida y la muerte, la bendición y la maldición, y nos dijo que escogiéramos la vida; o podríamos decir: escoge la luz.
Decidamos no endurecer nuestro corazón hacia Dios en ninguna área de nuestra vida. Si Él lo dijo, Él lo hará. ¡Escojamos la luz y la vida!