Romanos 13:12 “La noche está muy avanzada, el día se acerca; despojémonos, pues, de las obras de las tinieblas y revístámonos de la armadura de la luz”.
Para ponerte la ropa adecuada y que esta cumpla su función, a veces tienes que quitarte lo que llevas puesto. Después de ir al gimnasio o de trabajar al aire libre, sudas, y ese sudor se te queda en la ropa, o quizá tu ropa se ensucia, o tal vez comes y se te cae algo en la camisa. Tienes que cambiarte de ropa y ponerte ropa nueva porque no te pones ropa limpia encima de la vieja y sucia. Si lo haces, la nueva también empezará a oler mal. Debes quitarte la vieja antes de ponerte la nueva.
Hemos nacido de nuevo. En nuestro espíritu, somos nuevas criaturas y hemos sido justificados, pero eso no ha sucedido en nuestra carne. Debemos quitarnos nuestra vieja «ropa de carne» para poder ponernos la nueva.
En este pasaje de las Escrituras, se nos dice que nos despojemos de las obras de las tinieblas, lo que significa deshacernos de las cosas que solíamos hacer en la carne cuando vivíamos como pecadores antes de renacer. Tenemos que, a propósito, despojarnos de las obras de las tinieblas, los pecados en los que solíamos participar, para poder ponernos la armadura de la luz.
¿Qué es la armadura de la luz? Es la Palabra de Dios, porque es lámpara para mis pies y luz para mi camino. La Palabra es luz. El reino de Dios se conoce como el reino de la luz. Jesús es la luz. El fuego de Dios es luz.
Debemos revestirnos de la Palabra. En otras palabras, dejamos que la Palabra de Dios domine nuestra vida. Nos revestimos de ella; somos hacedores de la Palabra. Cuando nos revestimos de esta armadura de luz, ella disipará las tinieblas en nuestras vidas y dondequiera que vayamos.
Hay algo asombroso en la luz. No hace falta mucha para empezar a disipar las tinieblas, especialmente las tinieblas densas. Debemos despojarnos de las obras de las tinieblas y revestirnos de la armadura de luz. ¡Revístete de Jesús!