Deuteronomio 30:19 (NTV) «Hoy te he dado a elegir entre la vida y la muerte, entre la bendición y la maldición. Ahora pongo al cielo y a la tierra como testigos de la elección que hagas. ¡Ojalá elijas la vida, para que tú y tus descendientes puedan vivir!».
Tomamos decisiones todo el día, todos los días. Algunas de esas decisiones son grandes y otras pequeñas, pero todas tienen consecuencias. Cada acción que realizamos provoca una reacción. Nosotros, como creyentes en Jesucristo, tenemos una ventaja a la hora de tomar decisiones. Podemos, y debemos, dejarnos guiar siempre por el Espíritu de Dios.
Sé que hay un dicho popular que he oído, y es: «Simplemente creo que lo que tenga que ser, será». Puedo decirte que eso suena religioso, pero ni siquiera es cierto. Dios nos ha creado a todos con libre albedrío, y lo que decidimos, muchas veces, no puede ser anulado por Dios. Veamos cómo lo estableció Dios.
En Deuteronomio 30:19, el Señor nos dijo cómo se estableció esta vida. Dijo: «Llamo al cielo y a la tierra para que sean testigos contra vosotros en este día, de que os he puesto delante la vida y la muerte, la bendición y la maldición; escoge, pues, la vida, para que vivas tú y tu descendencia». Llamó al cielo y a la tierra «para que sean testigos», lo que significa que así es como funciona. La vida y la muerte están ante nosotros, y debemos elegir. Debemos elegir cada día, todo el día.
La vida que tú y yo tenemos hoy es la suma total de todas las decisiones que hemos tomado hasta ahora. No estoy diciendo que, si has tomado una mala decisión, estés condenado a vivir con ella, porque Dios te librará de todas tus dificultades (2 Corintios 1:10); pero afirmar que no tenemos el control de nuestras propias vidas y que no importa lo que hagamos es ridículo. Incluso vemos que Moisés tuvo que elegir entre vivir en los placeres del pecado por un tiempo o seguir el camino de Dios y obedecerle (Hebreos 11:25). También vemos lo que la Biblia del Mensaje llama el «síndrome de Esaú» en Hebreos 12:16-17: «Cuidado con el síndrome de Esaú: cambiar el regalo de toda una vida de Dios para satisfacer un apetito a corto plazo. Sabes muy bien cómo Esaú se arrepintió más tarde de ese acto impulsivo y quiso la bendición de Dios, pero para entonces ya era demasiado tarde, con lágrimas o sin ellas».
La decisión impulsiva que tomó Esaú, debido a una circunstancia, le salió muy cara. Es un gran ejemplo de la importancia de todas nuestras decisiones, incluso cuando estamos bajo presión y las circunstancias pueden estar en nuestra contra. Dado que tenemos que tomar estas decisiones y que somos cristianos renacidos, sería bueno que recurriéramos a los consejos de Dios o a su sabiduría. La Biblia dice que la sabiduría es lo principal, y debemos buscarla (Proverbios 4:7). En Proverbios 23:4, se nos dice que dejemos de confiar en nuestra propia sabiduría.
Además, es muy importante lo que se nos dice en el libro de Santiago acerca de la sabiduría. La Palabra dice que si necesitas sabiduría, pídesela (Santiago 1:5). «Si alguno de vosotros tiene falta de sabiduría», y eso nos incluye a todos. Todos carecemos de la sabiduría de Dios, por lo que debemos pedirla.
La otra forma de obtener la sabiduría de Dios es renovar tu mente con la Palabra de Dios. Los pensamientos y caminos de Dios son más elevados que los nuestros, pero Él los escribió todos para que pudiéramos tenerlos. Cuanta más sabiduría de Dios tengas, mejores decisiones tomarás.