1 Pedro 5:5 “Igualmente, jóvenes, estad sujetos a los ancianos; y todos, sumisos unos a otros, revestíos de humildad; porque: Dios resiste a los soberbios, y da gracia a los humildes.”

La humildad es muy importante. 1 Pedro 5:5 nos dice que nos revistamos de humildad. La humildad se conoce como lo contrario del orgullo, y eso es cierto, pero esta prenda tan espiritual encierra mucho más.

Si queremos completar nuestra carrera, necesitamos la humildad como parte de nuestro atuendo para la carrera que estamos corriendo. Si queremos completar nuestro recorrido con alegría, debemos asegurarnos de estar equipados con humildad. Esta humildad es importante para resistir la obra del diablo a lo largo del camino. Si nos humillamos bajo la poderosa mano de Dios, recibiremos la gracia para resistir al diablo.

El diablo dedicará mucho tiempo a intentar desviarte del camino, y necesitas el poder de Dios para detenerlo en seco. Hay un camino recto que el Señor tiene para ti, pero también está el camino del destructor por el que el diablo desea desesperadamente que camines y, con el tiempo, corras en él.

La otra parte de ser humilde también es importante en nuestro trato diario con las personas. Una persona humilde refleja una mentalidad, o una actitud, de alguien que es humilde y está dispuesto a rebajarse al nivel que sea necesario para ayudar a alguien. Esta persona no se autopromociona, sino que es modesta y sin pretensiones.

Cuando recorremos nuestro camino con humildad, no solo somos capaces de resistir al diablo, sino que también podemos ayudar a los demás. Cuando vean la humildad en tu vida, se sentirán atraídos hacia ti. Jesús vino a servir, no a ser servido. Lavó los pies de los discípulos y les dijo: «Si queréis ser los más grandes en el Reino de Dios, primero debéis estar dispuestos a ser los más pequeños y siervos de todos».

Jesús es nuestro ejemplo de verdadera humildad, así que esforcémonos por caminar con la misma humildad que Jesús. Jesús, el Hijo de Dios, se rebajó a sí mismo tomando forma humana para poder no solo ministrar a aquellos con quienes entraba en contacto, sino para poder ministrar a toda la humanidad al ir a la cruz. ¡Qué sacrificio y qué acto de humildad!

No tienes que ir a la cruz para mostrar humildad, pero hay cosas concretas que cada uno de nosotros puede hacer para mostrar humildad y servir a quienes nos rodean.

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