Marcos 11:23: “Porque de cierto os digo que cualquiera que dijere a este monte: “Quítate y échate en el mar”, y no dudare en su corazón, sino creyere que será hecho lo que dice, lo que diga le será hecho”.
Para que nuestras palabras puedan cambiar las cosas, hay algunas cosas que debemos saber. Para que tus palabras sean eficaces, deben tener estos elementos.
Primero, las palabras que salen de tu boca deben ser la Palabra de Dios, y no la opinión de los hombres ni siquiera los hechos. La Palabra debe salir de tu boca como una espada de dos filos. La Palabra de Dios debe brotar de tu corazón. Para que la Palabra funcione, es esencial que provenga de la abundancia de tu corazón. No puede venir de la mente. No se trata simplemente de repetir palabras que has oído; es esencial que esas palabras salgan de tu corazón, y debes creerlas.
La Palabra de Dios que sale de tu corazón y de tu boca debe salir porque crees en algo, y no porque estés intentando hacerlo funcionar o porque pienses que podría funcionar. ¡No! Debes creerlo. Debes estar completamente convencido de que tu declaración de fe y autoridad para exigir que algo cambie se hace mientras lo declaras con tu boca.
No se trata de que alguien piense: “Aquí va. Probemos esto a ver si funciona. A un hermano le funcionó”. ¡No! Cuando hablas a los montes que hay en tu vida con autoridad y con fe, estos se moverán. ¡No tienen otra opción que obedecer el mandato de la fe!