Lucas 8:15: “Más la que cayó en buena tierra, estos son los que con corazón bueno y recto retienen la palabra oída, y dan fruto con perseverancia”.
Tu corazón determina lo que la Palabra de Dios puede producir en tu vida. La unción es importante, y damos gracias a Dios por los hombres y mujeres ungidos que predican y enseñan la Palabra de Dios. La unción que está sobre la Palabra y sobre ellos destruye los yugos de esclavitud. Damos gracias a Dios por Su Palabra, la semilla que nunca puede fallar y que siempre cumple aquello para lo cual fue enviada. El cielo y la tierra pasarán, pero la Palabra del Señor permanece para siempre.
Eso depende de Dios, pero hay algo sobre lo que Él no tiene control: nuestra tierra, es decir, nuestro corazón. Tú y yo somos los únicos que tenemos control sobre lo que sucede en nuestra tierra. Debemos asegurarnos de que nuestro corazón esté preparado para recibir la semilla de la Palabra de Dios. Tenemos que quitar las piedras y mantener las malezas fuera de nuestro corazón. No es algo que se hace una sola vez; es algo que debemos hacer todos los días.
Para tener un corazón honesto y bueno, debemos vigilar continuamente qué cosas dejamos entrar en él. La mejor manera de hacerlo es cuidando nuestras puertas de entrada; la puerta de los ojos, la puerta de los oídos y la puerta de la boca son fundamentales para mantener nuestro corazón honesto y bueno. Por eso, debemos tener cuidado con lo que vemos, oímos y hablamos.
La mejor semilla del mundo no crecerá en una tierra que no esté preparada. Mantengamos nuestro corazón preparado para recibir la semilla de la Palabra viva de Dios.