Hechos 24:16 ”Y por esto procuro tener siempre una conciencia sin ofensa ante Dios y ante los hombres”.
Quiero profundizar un poco más en nuestra conciencia. Es esa parte nuestra que Dios nos ha dado para ayudar a guiarnos, guardarnos del pecado y del error, poder examinarnos y apartarnos de las trampas y los planes del diablo. Tu conciencia se encuentra en tu kardia, en el centro de tu ser. He oído describirla como la voz de tu espíritu; y, en realidad, solo se puede confiar plenamente en ella después de nacer de nuevo y convertirte en una nueva creación con la presencia interior del Espíritu Santo.
La versión Amplificada nos ayuda a comprender este versículo: “Por lo tanto, siempre me esfuerzo y disciplino [mortificando mi cuerpo, anulando mis afectos carnales, mis apetitos corporales y mis deseos mundanos, procurando en todos los aspectos] tener una conciencia limpia (firme, irreprochable), libre de ofensa ante Dios y ante los hombres”.
Para que nuestra conciencia funcione de manera óptima, debemos hacer lo que Pablo nos enseña por medio del Espíritu Santo: debemos disciplinar nuestra carne y mantenerla bajo control, de modo que podamos escuchar claramente nuestra conciencia y evitar que se endurezca por llevar una vida carnal, dominada por los deseos de la carne y del mundo.
Las Escrituras son muy claras en cuanto a que debemos mantener limpia nuestra propia conciencia. 1 Timoteo 1:5 habla de un corazón puro y una buena conciencia; 1 Timoteo 1:19 dice que debemos mantener “la fe y una buena conciencia”; 1 Timoteo 3:9 enseña que debemos tener una conciencia pura; 2 Timoteo 1:3 habla de servir a Dios con una conciencia pura; y 1 Pedro 3:16 dice que debemos tener una buena conciencia y vivir de tal manera que nadie pueda hablar mal de nosotros.
Mi punto es el siguiente: las epístolas están llenas de enseñanzas sobre el deseo de Dios de que tengamos una conciencia buena, limpia y pura. Parece ser una de sus prioridades para nosotros; por eso, debemos asegurarnos de que nuestra conciencia permanezca limpia.
Tito 1:15 nos advierte acerca de contaminar nuestra conciencia y nuestra mente. Luego, 1 Timoteo 4:2 contiene una de las advertencias más serias relacionadas con la conciencia. Habla de tener la conciencia cauterizada, como con un hierro candente. La palabra “cauterizar” se refiere quirúrgicamente, a quemar un tejido para que deje de sangrar.
Lo que sucede cuando cauterizamos o endurecemos nuestra conciencia es que impedimos que fluya la sangre purificadora de Jesús. La sangre de Jesús nos limpia continuamente mientras andamos en la luz. Sin embargo, una conciencia mala o perversa no solo impide que esa sangre fluya, sino que, con el tiempo, puede llevar a una persona a apartarse del camino; y, como dice Pablo, esto hace que su fe naufrague.