Hechos 20:32: “Y ahora, hermanos, os encomiendo a Dios y a la palabra de su gracia, que tiene poder para sobreedificaros y daros herencia con todos los santificados”.
Estoy muy agradecido por la gracia de Dios; y en este contexto, parece que la gracia a la que se hace referencia es la gracia salvadora. Existen diferentes tipos de gracia. Está la gracia para servir, gracia para prosperar, gracia para detener al diablo y, por supuesto gracia salvadora. Es por gracia, por la misericordia de Dios hacia nosotros y no por algo que nosotros hayamos merecido, que somos salvos. Ponemos nuestra fe en Su gracia hacia nosotros. Recibimos la obra terminada de Jesús y, al recibir a Jesús como nuestro Salvador y hacerlo Señor de nuestras vidas, nos posicionamos para experimentar el resto de lo que dice este versículo.
La Palabra de Dios nos edifica. Cuando ponemos nuestra fe y confianza en la Palabra viva de Dios, ella produce crecimiento en cada área de nuestra vida. La Palabra de Dios es pan. Debemos comer de ese Pan todos los días de nuestra vida. Este Pan, la Palabra de Dios, hace posible que vivamos la vida abundante que Jesús nos dice que está disponible en Juan 10:10. ¡Él es el Pan vivo! Cuando participamos de este alimento espiritual, nos sostiene y nos eleva en la vida.
La Palabra de Dios, y el entendimiento de lo que ella dice, te dará acceso a tu herencia. Somos herederos y coherederos con el Señor Jesucristo. ¡Todas las promesas de Dios para nosotros son “sí” y “amén” en Cristo Jesús! La Palabra dice que somos herederos junto con Abraham; por lo tanto, todo lo que Dios le prometió a él también nos pertenece, y aún más de lo que Abraham recibió, porque nosotros vivimos bajo un nuevo y mejor pacto. Si no sabes cuál es tu herencia, no podrás recibirla de manera activa.
¿Cómo sería que una persona pasara toda su vida viviendo precariamente, en pobreza, sin tener las cosas básicas para vivir, careciendo de lo más básico, y después descubriera que había heredado millones de dólares, pero sin haber recibido lo que le habían dejado? Esa es la situación de muchos creyentes nacidos de nuevo. No tienen idea de cuál es su herencia y no están caminando en todos los derechos y beneficios que el Señor pagó generosamente por ellos.
Tú y yo hemos recibido gracia. Hemos recibido la Palabra de Dios para ser edificados. Se nos ha dado una herencia, y hemos sido santificados, es decir apartados. Tú eres un hijo apartado del Dios Altísimo, con derechos y privilegios. Pablo les estaba diciendo a estos creyentes: “Les he dicho todo lo que puedo acerca de lo que Jesús hizo por ustedes, y ahora les animo a ponerlo en práctica”. En otras palabras, depende de ti aferrarte a estas verdades y vivir de acuerdo con ellas. Confío en que tú también estás caminando en estas verdades que Pablo encomendó a las personas a las que ministró y por quienes entregó su vida.