Hechos 20:24: “Pero de ninguna cosa hago caso, ni estimo preciosa mi vida para mí mismo, con tal que acabe mi carrera con gozo, y el ministerio que recibí del Señor Jesús, para dar testimonio del evangelio de la gracia de Dios”.
Pablo nos mostró cómo terminó la carrera que el Señor le había dado para correr. A Pablo se le encomendó el ministerio de llevar la gracia de Dios a los gentiles, y eso fue exactamente lo que hizo. ¿Cómo lo hizo?
Primero, no permitió que nada lo apartara del plan ni del camino que Dios había puesto delante de él. Cuando pensamos en la vida y el ministerio de Pablo, debería hacernos decir: “¡Guau!”. Dondequiera que iba, provocaba un avivamiento y también un alboroto. No hubo nada fácil en el camino que tuvo que recorrer.
El Señor le advirtió desde el principio y durante todo su ministerio que le esperaban prisiones y aflicciones, pero Pablo no permitió que ninguna de esas cosas lo sacara de su camino. Podría haber dicho: “Esto es demasiado”, y haber terminado como su compañero Demas, quien se dejó arrastrar por las comodidades de este mundo presente.
Entonces, ¿qué necesitamos aprender de esto? Que puede que no todo lo que Dios nos entrega será fácil. Me preocupa mucho ver personas que solamente quieren obedecer a Dios si es fácil, conveniente o si encaja con su vida y su horario actual. Con Dios, no todo consiste en trabajar 40 horas a la semana, recibir una excelente paga y obtener todos los beneficios por adelantado. Se necesita fe para seguirlo.
La fe es lo único que agrada a Dios, y Él siempre la recompensará grandemente (mucho más de lo que podemos pedir o imaginar), pero normalmente la recompensa no llega por adelantado. Si Pablo estuviera hoy aquí, creo que se quedaría sorprendido al ver la actitud de muchos creyentes.
Segundo, Pablo no consideraba su vida como algo precioso. En otras palabras, cada día estaba dispuesto a arriesgar su vida. Tal vez pienses que eso es demasiado si Dios te lo pidiera. Probablemente Dios no te está pidiendo que arriesgues tu vida por el evangelio todos los días, pero sí te está pidiendo que cada día, con tu vida, hagas lo que Él te está pidiendo. Nada más, pero tampoco nada menos.
Lo tercero que veo es esto: Pablo terminó su carrera con gozo. Si vamos a llegar a la meta, necesitamos gozo. ¿Por qué? Porque el gozo del Señor es nuestra fortaleza. El gozo y la fortaleza van juntos.
Necesitas resistencia y fortaleza para terminar tu carrera. Es fácil comenzar. Cualquiera puede comenzar, pero se necesita fortaleza para terminar. Mantén tu gozo durante todo tu camino y permanece lleno de la Palabra.
“Hallé tus palabras, y las comí; y fueron el gozo y la alegría de mi alma”. La Palabra de Dios es como una barra de energía espiritual que produce gozo para que puedas terminar tu carrera.
Si hacemos estas tres cosas, nosotros también terminaremos nuestra carrera y escucharemos: “¡Bien hecho!”.