1 Pedro 4:1-2 «Puesto que Cristo ha sufrido por nosotros en la carne, armaos también vosotros con el mismo espíritu; pues el que ha sufrido en la carne ha dejado de pecar, para no vivir ya el resto de su vida en la carne según los deseos de los hombres, sino según la voluntad de Dios».

Tenemos que armarnos con el mismo propósito o tener la misma mentalidad que Cristo. Así como Él estuvo dispuesto a entregarse y sufrir en su carne por nuestra libertad, también nosotros tenemos que sufrir en nuestra carne, lo que significa que tenemos que sufrir haciendo lo correcto y no permitiendo que nuestra carne tenga libertad para hacer lo que quiera.

Solo cuando tengamos esta actitud podremos hacer algo frente al pecado intencional y evitar que nuestra carne dicte nuestras vidas. Cuando sufrimos en la carne, como dijo el apóstol Pablo por inspiración del Espíritu Santo, debemos crucificar nuestra carne. Creo que Pedro está diciendo aquí lo mismo, pero con otras palabras.

Ya no debemos vivir según los deseos de nuestra carne, porque si lo hacemos, no podremos cumplir la voluntad de Dios para nuestras vidas, lo cual incluye completar nuestra carrera. Si me tomo en serio completar mi carrera, entonces tengo que tener la mente de Cristo al respecto, o su forma de pensar.

Aunque su naturaleza humana clamaba por otra salida, se sometió a la voluntad de Dios y fue a la cruz. Debemos adoptar la misma postura, aunque nuestra naturaleza humana grite para salirse con la suya. Debemos someterla y rendirnos a la Palabra y a la voluntad de Dios.

Es algo difícil de hacer, pero si dices: «No es tan difícil; simplemente hazlo», me pregunto si realmente lo has hecho. Este pasaje bíblico pone de manifiesto la batalla que realmente supone. Compara «someter la carne» con lo que hizo Jesús para ir a la cruz.

Recuerda que su sudor era como grandes gotas de sangre. La tensión de todo aquello era tan real que le salía sangre por los poros. No estoy diciendo que tenga que ser así para nosotros, pero sí digo que no es algo trivial.

Debemos decidir si vamos a vivir y caminar con Dios o dejar que nuestra carne gobierne y reine. Como estás leyendo esto, sé que tu deseo es terminar tu carrera. Así pues, dejemos que la Palabra de Dios nos arme con todo lo que necesitamos para correr bien nuestras carreras.

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