1 Juan 3:8 (AMPC) «[Pero] el que comete pecado [el que practica el mal], es del diablo [toma su carácter del maligno], pues el diablo ha pecado (ha violado la ley divina) desde el principio. La razón por la que el Hijo de Dios se manifestó (se hizo visible) fue para deshacer (destruir, desatar y disolver) las obras que el diablo [ha realizado]».
Jesús vino a destruir las obras del diablo, y eso es precisamente lo que hizo. Jesús dijo acerca del diablo en Juan 10:10 que las obras del diablo son robar, matar y destruir. Jesús vino e hizo que el diablo ya no tuviera la capacidad de matar, robar y destruir a nadie que recibiera a Jesús como su Salvador.
Jesús entregó su nombre, su autoridad y su Palabra a cada creyente para que pudieran poner al diablo a correr y huír. Como Jesús vino y destruyó el poder del diablo, ya no tenemos que ceder a nuestra carne ni vivir en el pecado ni practicarlo.
Cuando nacimos de nuevo, nos convertimos en una nueva criatura en Cristo Jesús y recibimos una nueva naturaleza: la naturaleza de Dios. Por eso este pasaje bíblico es tan claro y contundente: si practicamos el pecado, si cometemos el mal, seguimos siendo del diablo, o el diablo es nuestro padre.
Practicar el pecado y vivir en el pecado es muy diferente a cometer un pecado. 1 Juan 3:9 (AMPC) dice: «Nadie que haya nacido (sido engendrado) de Dios practica [deliberada, consciente y habitualmente] el pecado, pues la naturaleza de Dios permanece en él [Su principio de vida, el esperma divino, permanece permanentemente en su interior]; y no puede practicar el pecado porque ha nacido (ha sido engendrado) de Dios».
Cuando alguien vive en el pecado y viola constantemente la ley divina de Dios, lo hace desde su naturaleza caída o desde la naturaleza de su padre, el diablo. Cuando nacemos de Dios, el Espíritu Santo viene a morar en nosotros y nos convence de que el pecado está mal, y nos arrepentimos y nos alejamos de ese pecado.
El peligro de ignorar al Espíritu Santo es que nos endurecerá la conciencia, lo que nos llevará a situaciones muy graves.
¿Qué pretende esta escritura? ¿Sacudirnos? ¡Sí! ¿Advertirnos? ¡Sí! ¿Asegurarnos de que caminamos en la luz y no en las tinieblas? ¡Sí!
Tenemos una nueva naturaleza, así que mantengámonos alejados de la vieja naturaleza caída. ¡Revistámonos constante y consistentemente del hombre nuevo, creado en Cristo Jesús!