Juan 14:15 (RVR1960): “Si me amáis, guardad mis mandamientos.”
Jesús nos dice cuáles son los dos mandamientos más importantes en Mateo 22:37-40. Debemos amar al Señor con todo nuestro corazón, con toda nuestra alma y con toda nuestra mente; y debemos amar a nuestro prójimo como a nosotros mismos. Al cumplir estos dos mandamientos, estaremos cumpliendo todos los demás.
Es interesante que Jesús dijera: “Si me aman.” Muchas personas dicen que aman al Señor, pero Jesús afirmó: “Si me aman, guardarán mis mandamientos”. En Juan 14, vuelve a decir lo mismo de otra manera en los versículos 23 y 24: “El que me ama, mi palabra guardará.” En otras palabras, si alguien realmente no ama al Señor, no obedecerá Su Palabra.
La Palabra escrita de Dios contiene todo lo que Él nos ha dicho. Si de verdad lo amamos, pondremos esas palabras en práctica. Amaremos a Dios con todo nuestro corazón, con toda nuestra alma y con toda nuestra mente, y amaremos a nuestro prójimo como a nosotros mismos. Es decir, Dios debe ocupar el primer lugar, y por eso Su Palabra también debe ser nuestra prioridad; además, debemos seguir la dirección del Espíritu Santo en cada momento de nuestra vida. Debemos pensar cuidadosamente en lo que hacemos, en lo que decimos y en cómo nuestras acciones afectan realmente a nuestro prójimo.
¿Quién es tu prójimo? ¡Todas las personas! El amor está dispuesto a entregar su vida. No busca imponer su propia voluntad ni reclamar sus propios derechos, sino que pone en primer lugar el bienestar de los demás. Me alegro tanto porque Jesús hizo precisamente eso: por amor entregó Su vida por nosotros.
En el evangelio de Juan, Jesús hizo otras declaraciones semejantes acerca de poner en práctica la Palabra de Dios. Juan 13:17 dice: “Si sabéis estas cosas, bienaventurados seréis si las hiciereis.” Juan 15:14 dice: “Vosotros sois mis amigos, si hacéis lo que yo os mando.” La misma idea aparece en Lucas 6:46: “¿Por qué me llamáis: Señor, Señor, y no hacéis lo que yo digo?” Creo que Jesús desea que pongamos en práctica lo que Él nos dice.
A esto podemos añadir el versículo que todos conocemos en Santiago 1:22, “Pero sed hacedores de la palabra, y no tan solamente oidores, engañándoos a vosotros mismos”. Tú y yo demostramos que amamos al Señor haciendo lo que Él dice. No basta con decirlo de labios, asistir a la iglesia o usar la camiseta correcta. Hacer lo que Él dice es lo que demuestra nuestro amor por Él.
Lo maravilloso es que obedecer la Palabra de Dios produce resultados en nuestra vida. En primer lugar, produce una vida estable, que no puede ser derribada por las tormentas de esta vida. Cuando leemos la enseñanza de Jesús en donde compara las dos personas que construyeron sus casas —que representan la vida de cada uno y muestran la diferencia entre el éxito y la destrucción— vemos que todo se reduce a dos clases de personas: las que llevan a cabo la Palabra de Dios y las que no.
Las tormentas llegan a todos de la misma manera e igual intensidad según Mateo 7:24-27, no hay diferencia en las tormentas que enfrentan unos y otros. Todos, en algún momento de la vida, atravesamos pruebas con la misma intensidad, y todas tienen el propósito de destruirnos. Sin embargo, si eres hacedor de la Palabra y no solamente oidor, podrás permanecer firme porque tu vida está edificada sobre la roca, que es Jesucristo. Pero si solo escuchas la Palabra y no la pones en práctica, el resultado será la destrucción.
Otro resultado de hacer lo que Jesús dice en lugar de limitarse a escucharlo son los milagros. En el evangelio de Juan, el primer milagro que Jesús realizó —un milagro de provisión y no de una necesidad — ocurrió porque quienes más tarde serían sus apóstoles hicieron una sola cosa: obedecieron lo que Él les dijo. ¡Ellos simplemente lo hicieron! Si deseas ver milagros y la intervención sobrenatural de Dios en tu vida, entonces solo tienes que hacer lo que Él dice.