1 Juan 4:7: “Amados, amémonos unos a otros; porque el amor es de Dios. Todo aquel que ama, es nacido de Dios, y conoce a Dios.”
Dios es amor (1 Juan 4:16), por eso tiene todo el sentido que quienes han nacido de Dios también tengan ese mismo amor en su corazón. Romanos 5:5 dice: “El amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo.” Si has nacido de Dios, has nacido del amor; Ese amor está en ti y está listo para manifestarse por medio de tu vida.
El amor de Dios, no el amor humano, es el que debemos usar para amarnos unos a otros. El amor humano no es igual al amor ágape de Dios. El amor humano suele depender de lo que otra persona hace; muchas veces está basado en el comportamiento o el desempeño de los demás. Con frecuencia, cuando se habla de amor humano, en realidad se trata más de lujuria que de verdadero amor.
El amor de Dios es un amor eterno. Dios nos amó primero. Su amor no dependió de tener la garantía de que sería correspondido. La mejor definición del amor de Dios se encuentra en 1 Corintios 13:4-8. Allí se nos muestra cómo es el amor de Dios y también lo que no es. Ese es el amor que debemos comenzar a demostrar a todos nuestros hermanos y hermanas en Cristo. Quien verdaderamente manifiesta esta clase de amor es porque ha nacido de Dios. Con ese amor debemos amarnos unos a otros.
Juan 13:35 (NTV) dice: “El amor que tengan unos por otros será la prueba ante el mundo de que son mis discípulos.” Cuando el mundo vea que el cuerpo de Cristo realmente se ama como Dios nos ama a nosotros, se darán cuenta, especialmente en el tiempo en que vivimos.
No es necesario estar de acuerdo con alguien para amarlo. Sin embargo, sí es necesario estar de acuerdo para una relación cercana y caminar con esa persona. Dios ama al mundo, pero no está de acuerdo con ellos, porque no quieren seguir Sus caminos. Aun así, Él nunca dejará de amarlos. Esa es la misma actitud que nosotros debemos tener. Tal vez no estemos de acuerdo con ellos y por eso, no podamos caminar de cerca con ellos; pero sí podemos amarles con el amor de Dios que ha sido puesto en nuestros corazones, y así amarles con todo nuestro corazón.