Marcos 2:8: “Y conociendo luego Jesús en su espíritu que cavilaban de esta manera dentro de sí mismos, les dijo: ¿Por qué caviláis así en vuestros corazones?”
Creo que todos deberían saber cómo ser guiados por el Espíritu de Dios. Cuando eres guiado por el Espíritu de Dios puedes tomar las mejores decisiones, permanecer seguro, recibir ayuda en nuestras relaciones y en cualquier otra cosa que necesites. El Espíritu Santo conoce lo que sucederá y te revelará lo que pasará en el futuro (Juan 16:13).
Cuando hablo de ser guiado o de que el Espíritu Santo nos hable, me refiero a que Dios nos dirige interiormente, no desde el exterior.
Muchas personas esperan que Dios haga algo desde el ámbito externo. Muchos incluso ponen “vellones” como Gedeón en el Antiguo Testamento. Sin embargo, en el Nuevo Testamento tenemos una manera mucho mejor. Ya no dependemos de las cosas externas, donde opera el dios de este mundo (el diablo). Ahora podemos acudir a nuestro interior, donde habita el Espíritu de Dios.
¿Sabes que el mismo lugar donde sabes que has nacido de nuevo es el mismo lugar donde puedes escuchar la voz de Dios? La Biblia llama a esto el testimonio interior. 1 Juan 5:10 y Romanos 8:16 enseñan que tenemos un testimonio dentro de nosotros de que hemos nacido de nuevo. ¿Cómo sabes que has nacido de nuevo? Simplemente lo sabes porque la salvación es una certeza interior.
De la misma manera funciona cuando somos guiados. En ese mismo “lugar”, Su Espíritu da testimonio a nuestro espíritu. 1 Juan 2:20 y 27 lo llaman unción. Esa unción está en ti y es la que te guía, te conduce y te dirige en los asuntos de la vida.
En el caso de Jesús, ese conocimiento interior se describe en Marcos 2:8 como una percepción. Jesús percibió algo. No se basó en evidencias externas, sino en un conocimiento o percepción interior en el ámbito del espíritu.
Le ocurrió a Pablo en Hechos 14:9, con un hombre lisiado, y nuevamente en Hechos 27:10, durante un viaje en barco. Pablo percibió que el hombre tenía fe para ser sanado sin basarse en lo que el hombre dijo o hizo, sino en una certeza interna. Pablo percibió que el viaje sería peligroso, no por el clima ni por la opinión de los marineros, sino por el Espíritu Santo.
¿Cómo podemos mejorar esa capacidad para percibir y reconocer la voz de Dios? No depende del paso del tiempo ni de la experiencia; viene como todo lo que recibimos de Dios, por fe. Y la fe sigue viniendo por oír la Palabra de Dios. Les comparto algunos pasajes bíblicos que fortalecen mi fe en esta área y que repaso cada vez que necesito tomar una decisión.
Juan 10:3-5: Somos Sus ovejas y conocemos Su voz. Juan 18:37: Pertenezco a la verdad y conozco Su voz. Juan 16:13: Él me mostrará las cosas que han de venir. Romanos 8:14: Como hijo de Dios, soy guiado por el Espíritu de Dios. Apocalipsis 3:22: Cuando les escribe a las siete iglesias, Él dice: “El que tiene oídos para oír, oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias”. Yo soy parte de la iglesia y tengo oídos para oír. 1 Juan 2:20: Tengo la unción del Santo y conozco todas las cosas.
Confiesa estos versículos sobre tu vida para fortalecer tu fe. Esto incrementará tu fe y por consiguiente tu capacidad y precisión para reconocer Su voz. Orar en otras lenguas es grandioso ¡pero nunca sustituye el creer!