Jeremías 18:4 (AMPC) “Y la vasija de barro que estaba haciendo se echó a perder en las manos del alfarero; así que volvió a hacerla, transformándola en otra vasija, según le pareció mejor al alfarero hacerla”.
Creo que la primera aplicación de este pasaje es que, gracias a Dios, podemos nacer de nuevo. Podemos ser moldeados nuevamente por el Alfarero (nuestro Padre celestial). Podemos recibir un corazón nuevo, que, por cierto, es como se denomina a la parte interior de una vasija de barro (el corazón de la vasija). Cuando le pedimos al Señor que nos perdone por nuestros pecados, recibimos a Jesús como nuestro Salvador y lo hacemos Señor de nuestra vida, es entonces cuando el Alfarero nos ha moldeado de nuevo.
También creo que esto tiene que ver con nuestras vidas. Incluso si las cosas no salieron bien porque no obedecimos, y nuestra vida (nuestra vasija de barro) no tenía muy buen aspecto, todavía podemos volver al torno del Alfarero para que Él nos haga de nuevo. Cuando el Alfarero nos vuelve a moldear, hace cada vasija con un propósito y para un uso específico.
Efesios 2:10 dice que el Señor nos diseñó a cada uno para realizar buenas obras, es decir, para cumplir nuestro propósito en la vida. No puedes descubrir tu propósito en la vida sin conocer el propósito que Dios tiene para ti. Creo que cuanto antes las personas acepten aquello para lo que el Creador las creó, menos frustradas se sentirán. Muchos creyentes están luchando, y una de las razones es que todavía no han encontrado su lugar en el Reino de Dios. No estoy hablando de predicar. Estoy hablando de descubrir quién te creó Dios para ser.
Me gusta mucho lo que Dios le dijo a Israel acerca del rey Ciro, porque también se aplica a todos nosotros. Isaías 45:9 (NTV) dice:“¡Qué aflicción les espera a los que discuten con su Creador! ¿Acaso discute la olla de barro con su hacedor? ¿Reprocha el barro al que le da forma diciéndole: “¡Detente, lo estás haciendo mal!”? ¿exclama la olla: “¡Qué torpe eres!”?”.
Dios, nuestro Padre, es el Alfarero, y nosotros somos el barro. Ha llegado el momento de aceptar y abrazar a la maravillosa persona que Él quiso que fueras, y el propósito para el cual fuiste creado.
Haz esta confesión: “Señor, Tú eres mi Alfarero, y aquí estoy, como un trozo de barro. Estoy dispuesto a ser aquello para lo que me creaste y haré aquello que determinaste que yo hiciera”.