Filipenses 2:3-4 (AMPC): “…Más bien, con un verdadero espíritu de humildad (sencillez de mente), considere cada uno a los demás como mejores y superiores a sí mismo [teniendo a los demás en mayor estima que a ustedes mismos]. Que cada uno de ustedes no se preocupe solamente por sus propios intereses, sino también por los intereses de los demás”.

El sistema de este mundo nos ha condicionado tanto a pensar primero en nosotros mismos que rara vez pensamos en los demás. En el Reino de Dios se nos dice una y otra vez que debemos preocuparnos por los demás, ser amables, cuidar y llevar las cargas de nuestros hermanos y hermanas en Cristo, y ministrar a quienes todavía están perdidos.

En el versículo 5, la Palabra continúa hablando precisamente de esta actitud que Dios nos pide tener y que también estuvo presente en Jesús cuando dejó el cielo y se preparó para ir a la cruz por nosotros. Él se humilló a sí mismo y tomó la forma de siervo. Lavó los pies de sus discípulos  antes de ir a la cruz, para mostrarnos una vez más que estamos aquí para servir, no para ser servidos.

Cuando pones a los demás en primer lugar, permites que Dios obre a tu favor, y el favor que te rodea se hace cada vez más fuerte. Las personas querrán ayudarte en los proyectos o iniciativas de tu vida, porque tú has sembrado esa buena semilla. Sirvámonos unos a otros y no pongamos nuestras necesidades y deseos por sobre los de los demás, o a costa de ellos.

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