Lucas 22:26 (NTV): «Pero entre ustedes será diferente. El más importante de ustedes deberá tomar el puesto más bajo, y el líder debe ser como un sirviente».
Jesús acababa de decirles a sus discípulos que uno de ellos lo traicionaría. Mientras conversaban sobre quién sería, comenzaron a discutir acerca de quién era el más importante entre ellos. Fue entonces cuando Jesús empezó a enseñarles cómo funcionan las cosas en el Reino de Dios. Allí las cosas no son iguales que en el mundo. Él no gobierna su Reino de la misma manera en que el diablo ha influido para que funcione el mundo.
En el mundo, las personas que ocupan los cargos más altos, tienen más dinero o poseen los títulos más prestigiosos, son consideradas importantes; Se piensa que merecen respeto y que los demás deben servirlas. Pero Jesús dijo que en su Reino las cosas son diferentes. Si quieres ser grande en su Reino, debes ser como Él y ser un servidor.
Me gusta mucho la expresión “liderazgo de servicio” para el Cuerpo de Cristo. Pone primero la palabra correcta y destaca aquello en lo que Jesús puso el énfasis. Cuanto mayor sea tu responsabilidad como líder en el Cuerpo de Cristo, más dispuesto debes estar a servir.
Es cierto que los líderes del Cuerpo de Cristo necesitan recibir ayuda y apoyo, porque ningún pastor ni líder de un ministerio puede hacerlo todo por sí solo. Necesitan contar con el ministerio de ayuda, que es uno de los ministerios más predominantes y probablemente el más importante dentro del Cuerpo de Cristo. Cuando las personas colaboran, también están sirviendo al líder. Pero un verdadero líder bíblico no exigirá que los demás lo sirvan.
El Señor habrá unido los corazones de ciertas personas con el líder, y ellas lo servirán como si estuvieran sirviendo al Señor. En otras palabras, todo lo que hagan lo harán para el Señor, y cada persona tiene una tarea diferente que realizar para Él. Si cada uno hiciera aquello que el Señor ha dispuesto y para lo cual le ha dado dones, toda la obra del Cuerpo de Cristo se realizaría con gran excelencia.
Pidámosle al Señor que nos dé el mismo corazón y el mismo amor que tuvo Jesús: un corazón de siervo. Con ese corazón de siervo y con el amor que ya está en ti, ¡sirvámonos unos a otros!