Hechos 25:11 “Porque si algún agravio, o cosa alguna digna de muerte he hecho, no rehúso morir; pero si nada hay de las cosas de que éstos me acusan, nadie puede entregarme a ellos. A César apelo”

Vamos a enfocarnos en una sola frase: "Apelo a César." ¿Qué estaba haciendo Pablo? ¿Por qué haría eso? ¿No parece que eso solo le traería más problemas de los que ya tenía?

Encontramos a Pablo en un barco, en medio de una tormenta, donde parecía que él y todos los que iban a bordo iban a morir, cuando un ángel se le apareció y le dijo que debía comparecer ante César. Presentarse ante César había sido el plan de Dios para la vida de Pablo desde el principio. Una parte muy importante de su ministerio, y al parecer la etapa final del mismo, debía llevarse a cabo en la ciudad de Roma.

También vimos que el pueblo de Dios trató de convencerlo de que no fuera. Agabo le advirtió sobre lo que le esperaba, pero vemos claramente que Pablo sabía, por medio del Espíritu Santo, que debía presentarse ante César en Roma. Al final, solo tú puedes saber lo que Dios quiere para tu vida de manera personal.

No muchos tendrán una experiencia como la de Pablo en el camino a Damasco, ni recibirán visitas del Señor o de ángeles; sin embargo, todos debemos ser guiados por el Espíritu Santo, tal como Pablo enseñó en el libro de Romanos. Romanos 8:14 y 16 dicen:"Porque todos los que son guiados por el Espíritu de Dios, éstos son hijos de Dios... El Espíritu mismo da testimonio a nuestro espíritu de que somos hijos de Dios."Así fue como Pablo supo, desde el principio, que debía apelar a César. Lo que más tarde fue confirmado por un ángel en medio de una tormenta, en un barco que parecía estar a punto de hundirse y donde todos pensaban que iban a morir.

No dejes pasar las maneras sobrenaturales en que Dios guía el rumbo de tu vida solo porque no sean espectaculares. Debes estar seguro de esas directrices, porque muchas personas, incluso quienes te aman, pueden intentar desviarte del camino. El Señor te dará una guía aún más clara y específica.

Recuerda esto: eres una de Sus ovejas; conoces Su voz, y no seguirás la voz de un extraño. Puede que nunca tengas que apelar a César para estar en la voluntad de Dios, pero quizá debas permanecer en una empresa aunque tengas una mejor oferta, o hacer un viaje misionero cuando nadie quiera que vayas, o asistir a un Instituto Bíblico cuando no sea el momento más conveniente.

Sea lo que sea que Él te diga, ¡simplemente hazlo!

Anterior
Anterior

Siguiente
Siguiente