Hebreos 10:24: “Y considerémonos unos a otros para estimularnos al amor y a las buenas obras”.
La Biblia Amplificada Clásica lo expresa de esta manera: “Y considerémonos unos a otros y prestémonos atención y cuidado de manera constante, velando unos por otros y buscando cómo animarnos (estimularnos e impulsarnos) al amor, a las buenas acciones y a las actividades nobles”.
En el Cuerpo de Cristo, se nos ha encomendado la responsabilidad de amarnos y cuidarnos unos a otros, de restaurarnos y servirnos mutuamente. Se nos pide preferirnos unos a otros, honrarnos y considerarnos mutuamente. Debemos cuidar unos de otros como cuidamos nuestro propio cuerpo. Todos somos parte del Cuerpo de Cristo. Somos miembros los unos de los otros y hemos sido unidos por el Espíritu Santo.
Debemos estimularnos unos a otros a realizar buenas obras. Tenemos que ver la manera de motivar e incitar a las personas a amar y a hacer buenas obras. Parece que no todos se motivan de la misma manera. Pero sé que es responsabilidad tuya y mía animar a las personas a obedecer a Dios. Cada persona necesita algo diferente que la motive.
En mi caso particular, desde que regresé al Señor, simplemente me pareció importante hacer cosas para Él. No parecía necesitar que alguien me motivara; sencillamente, lo hice. Otros quizás necesiten saber que son necesarios. Algunos pueden ser tímidos o sentir que no son lo suficientemente capaces. Otros quizás hayan sido heridos la última vez que estuvieron sirviendo. Algunos pueden pensar que no tienen tiempo. Hay una respuesta para cada una de estas situaciones, pero no podemos dejar que se conviertan en excusas para desobedecer a Dios.
Quienes ya estamos sirviendo debemos animar a aquellos que todavía no han encontrado un lugar donde servir. Necesitamos motivarlos, no humillarlos. Debemos atraerlos, no hacerlos sentir culpables. Debemos ayudarlos, no menospreciarlos. Tenemos que amarles y procurar que sean sanados, en lugar de rechazarlos.
Ha llegado el momento de que el Cuerpo de Cristo se levante. La forma de hacerlo es sirviéndonos unos a otros y sirviendo también al mundo. El siguiente versículo dice: “No dejar de congregarnos”. ¿Por qué? Porque cuando nos reunimos, los demás pueden ver nuestras buenas obras mientras les servimos, los amamos y cuidamos de ellos, lo que debería animarlos también a hacer buenas obras y a unirse a nosotros para servir a Dios.
Jesús regresará pronto, y parte de lo que es la Iglesia gloriosa es ser una iglesia activa, llena de vida y dedicada al servicio. Sirvámonos unos a otros hasta que Jesús regrese. ¡Motivemos a los demás a hacer buenas obras, comenzando por hacerlas nosotros mismos!