Juan 13:5: “Luego puso agua en un lebrillo y comenzó a lavar los pies de los discípulos y a enjugarlos con la toalla con que estaba ceñido”.

A través del relato de Jesús lavando los pies de sus discípulos, vemos que Él dejó un legado de lo que espera del Cuerpo de Cristo, de aquellos que dicen seguirlo. Juan 13:13-15 dice: “Vosotros me llamáis Maestro y Señor, y decís bien, porque lo soy. Pues si yo, el Señor y el Maestro, he lavado vuestros pies, vosotros también debéis lavaros los pies los unos a los otros. Porque ejemplo os he dado, para que como yo os he hecho, vosotros también hagáis”.

En Filipenses 2:7, la Palabra dice que Jesús tomó la forma de siervo. En Mateo 20:28, Jesús dijo acerca de sí mismo que vino para servir y no para ser servido, y para dar su vida en rescate por muchos.

Jesús hablaba con mucha frecuencia a sus discípulos acerca del servicio. Él es nuestro ejemplo de alguien que sirve. Cuando una de las últimas cosas que hizo fue lavar los pies de sus discípulos, nos estaba mostrando cuán importante era esto para Él. También les estaba enseñando: su carne desea ser servida y reconocida, pero que Yo quiero mostrarles mi camino; y mi camino es, que quien sirve es quien puede ser promovido. El que sirve es el mayor en el Reino de Dios.

Al igual que cuando Jesús estuvo en la tierra, Él sigue necesitando nuestra ayuda para llevar a cabo lo que el Padre desea hacer. En los milagros de la transformación del agua en vino y de la multiplicación de los panes y los peces, hubo personas que participaron. La obediencia de los discípulos fue muy importante.

Hay personas entre nosotros que cada Domingo por la mañana y cada Miércoles por la noche necesitan milagros; tu ayuda y servicio al Señor crean un ambiente propicio para que esas personas reciban un milagro. Jesús nos dejó un ejemplo de servicio. Involucró a sus discípulos en esta labor, y también quiere que tú y yo sirvamos a los demás.

Jesús incluso nos habla de las recompensas que reciben quienes sirven. En Mateo 10:42, nos dice que, si damos aunque sea un vaso de agua a un niño en su nombre, recibiremos una recompensa. Por lo tanto, no se trata solamente de las cosas espirituales; incluso las cosas naturales que hacemos en el nombre del Señor nos dan la oportunidad de recibir recompensas celestiales.

Hebreos 6:10 dice: “Porque Dios no es injusto para olvidar vuestra obra y el trabajo de amor que habéis mostrado hacia su nombre, habiendo servido a los santos y sirviéndoles aún”.

Sigamos el ejemplo de Jesús y lavémonos los pies unos a otros, sirviéndonos mutuamente. Esta es una de las maneras más extraordinarias de demostrar el amor de Dios.Cuando nos servimos unos a otros, creamos un ambiente para que ocurran milagros. ¡Qué maravilloso sería que, mientras sirves a alguien de corazón, el Señor pueda intervenir en su vida y manifestar su poder todopoderoso a su favor!

Eso ya sería una recompensa más que suficiente, pero también te pone en la línea para recibir recompensas celestiales.

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