1 Samuel 10:26: “Y envió Samuel a todo el pueblo cada uno a su casa. Saúl también se fue a su casa en Gabaa, y fueron con él los hombres de guerra cuyos corazones Dios había tocado”.

Saúl fue ungido para ser rey, el líder de Israel. Nunca antes habían tenido un rey, porque Dios era su Rey. Para que esto funcionara, el rey Saúl necesitaría ayuda. Nadie puede hacer por sí solo todo aquello para lo que Dios lo ha ungido.

Esto es como nuestro cuerpo físico. Dios creó nuestro cuerpo para que todas sus partes trabajaran juntas. Las partes de nuestro cuerpo están interconectadas entre sí y funcionan mejor cuando lo hacen de manera óptima. Lo mismo sucede con el Cuerpo de Cristo. Para que una iglesia o un ministerio funcionen correctamente, cada persona debe estar en su lugar, sirviendo al Señor y, por lo tanto, sirviendo también a los demás.

En el Reino de Israel, Saúl debía ser el único rey. En otras palabras, se le había dado la posición más alta, pero no podría llevar a cabo todo lo que Dios tenía preparado para él sin la ayuda de otros. Por eso, Dios tocó el corazón de quienes debían ayudarlo.

Quiero decirte que si alguna vez piensas: “Dios no ha tocado mi corazón para servir en ningún lugar”, entonces hay algo que está bloqueando tu corazón. Dios nos ha tocado a todos para servir en algún lugar. Tú eres un vaso de honra y estás preparado para ser usado por el Maestro.

¿Qué puedo hacer? Dios te creó con un propósito. Lo único que tienes que hacer es preguntarle o simplemente comenzar a servir en algún lugar, hasta que Dios te guíe hacia un lugar específico. Si no estás seguro, puedes declarar algunas de las Escrituras que te he compartido acerca de servir a Dios y luego preguntarle al Señor. Sé que Él hablará a tu corazón y te guiará. No te dejaría fuera de algo tan importante, especialmente porque tiene una recompensa especial que desea darte.

Permite que el Señor toque tu corazón. Si nunca has servido, simplemente pídele que ministre su amor a tu corazón para servir a alguien.

También quiero hablar de algo más. A veces, las personas no sirven porque sienten que han sido maltratadas, que se han aprovechado de ellas o que han abusado de su disposición para ayudar. Eso no es verdadero servicio. En ocasiones, las personas te han lastimado sin intención, porque muchos otros no han asumido el lugar que les corresponde.

Pídele a Dios que los perdone a ellos y a ti por tomar ofensa, y permite que tu corazón sea sanado.

Jesús es quien restaura los corazones quebrantados y por eso pídele que derrame aceite fresco sobre tu vida y que te devuelva el corazón de un siervo. Incluso podrías decirle a alguien: “Quiero volver a hacer esto, pero todavía estoy superando algunas heridas. ¿Podrías ayudarme?”. Un buen líder, que tenga un corazón de siervo, te recibirá con amor y te acompañará durante ese proceso. Sin embargo, no dejes que esto se convierta en una excusa o en un obstáculo que te impida servir.

El Señor quiere tocar tu corazón para que sirvas en su Reino. ¡Permítele hacerlo!

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